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Pintores como Odilon Redon, los Nabis y los
prerrafaelistas Dante Gabriel Rossetti y Jhon Everett
Millais supieron apropiarse de la fantasía, de mundos
inquietantes, heredados de la narrativa literaria o la
mitología o bien extraídos de su propia imaginación o
subconsciente, que desencadenarían más adelante en los
surrealistas: Magritte o Dalí
Como
ellos pero siguiendo sus propias normas, Enrique Trava
ofrece una búsqueda pictórica de una traducción visual
para lo que normalmente no es visible; el transcurrir
del tiempo, el mundo espiritual, las fantasías y los
lugares imaginados e imposibles.
Desde
personajes fantásticos ,hasta lúgubres rincones, retazos
de irreales escenografías, fantasmagóricas formas que se
construyen y deconstruyen, escaleras que suben a ningún
lado, pasillo interminables, arquerías con reminiscencias
del medioevo con influencia moruna y un par de íntimos
homenajes, son los elementos a los que ha echado mano
para proponer esta traducción visual de lo intangible.
Dioses,
héroes, monstruos que habían sido soslayados por la
pintura académica, vuelven a cobrar protagonismo. Se
retorna a la mística cristiana, las ciencias ocultas y
la filosofía oriental.
Clasicista, sensualista y cerebral, seráfico y
perverso, esta intención es la de Trava quien sin
embargo desea apartarse aún más del canon e incluye
aportaciones propias como desprenderse del soporte-
lienzo con marco ortodoxo y cuadrangular de la obra y
proponer estructuras más orgánicas e imprimir una pátina
entre marrón y ocre a todo su trabajo en alusión a un
elemento intangible: el tiempo.
A su vez, el uso de títulos como Visión periférica Serenata
desde el mas allá Trashumantes con luna y fraile En
memoria del mutante Del devenir espiritual
Anamnesis
y
La Gorgona entre otras confirman su vocación por el
universo simbolista y espiritual que se abre en su
trabajo.
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